lunes 31 de octubre de 2011

Jaume I y la construcción de un reino



Jaume I el Conquistador
José Luis Villacañas
Col. Biografía y Memorias
Madrid, Espasa-Calpe, 2003, 800 pp.


José Luis Villacañas aborda el paisaje y el paisanaje del siglo XIII europeo contextualizado en la antigua corona de Aragón, ubicando al personaje histórico de Jaume I, tan ligado a tierras castellonenses y a la fundación de la ciudad, en un rico panorama recorrido de tensiones y de proyectos, desde la pasión por las conquistas hasta su intensa participación en la política internacional de la cristiandad.

Como ha señalado Francis Bacon “Los ídolos de la tribu tienen su fundamento en la naturaleza humana misma, y en la tribu o raza de hombres... Todas las percepciones, así como el sentido del espíritu, funcionan según la medida del individuo y no según la medida del universo”. En nuestra reciente percepción de la historia, la figura de Jaume I ha venido adquiriendo cualidades de héroe nacional, desde posiciones ambivalentes. A ello se aducía su condición de instaurador de un “fuerismo” político, pilar ideológico del nacionalismo, que incide en el conflicto entre el régimen constitucional español y la organización propia del país en el pasado. En efecto, toda sociedad debe establecer nexos entre el presente y la tradición, y entre el espacio de horizonte del pasado y el de expectativas del futuro. Por eso, los mitos ancestrales de la nación se construyen sobre símbolos y monumentos, composiciones literarias y personajes legendarios.
Volviendo a nuestro pasado remoto, José Luis Villacañas (Úbeda, 1955) ha escrito una biografía de Jaume I el Conquistador, el rey fundador de Valencia y uno de los mitos de nuestro pasado histórico, cuya leyenda lo convierte en el monarca más carismático de la antigua Corona de Aragón. Mirar el futuro significa conocer el presente, una vez asumidos y conjurados nuestros fantasmas familiares. Nuestra Edad Media suele construir sus mitos con paciencia. Sobre la vieja metáfora del “homo viator” tocado por la gracia del cielo, y cuyo obrar responde siempre al del ungido y “electi”, el rey Jaume construyó todo un sistema político basado en el equilibrio desde el lejano siglo XIII. Jaume I es uno de los más carismáticos reyes cristianos, y su figura brilla junto a otros reyes santos como Luis de Francia y Fernando de Castilla. El libro ilumina historiográfica e ideológicamente el proceso por el cual Jaume I supo construir ese nuevo modelo de reino más allá de los modelos feudales a través de su gobierno y del desarrollo de los Fvrs, sin olvidar las polémicas que se ciernen en torno a las explicaciones del pasado, y que afectan a un viejo enfrentamiento teórico, arropado por las pasiones que alimentan nuestro imaginario colectivo.

Todo en don Jaume, desde el instante de su concepción hasta el día en que se hizo cargo de sus reinos, fue para él y para sus contemporáneos explicado en términos de “milagro”. Su persona se concibe, ya en vida, como el continente de la actividad de un caballero cristiano, elegido y protegido por la divina providencia y por nuestra señora Santa María.
La biografía de Jaume I se inscribe en complejo marco de relaciones con las tierras del sur de Francia que se instauraron desde la Corona de Aragón, y a las que no fue ajena en sus orígenes la cultura hereje de los cátaros. Todos estos elementos nos dan la clave de las tensiones medievales en torno a las relaciones con Roma y los movimientos de resistencia a la centralización que el catolicismo imponía, así como las posibles ofensivas de los reinos franceses del norte. No sólo las rivalidades con los musulmanes, sino también con los señores del centro y del norte de Francia, con el papado... El mundo de Jaume I es el mundo de los herejes, los nobles levantiscos, los caballeros templarios y los trovadores provenzales, porque no debemos olvidar que él mismo era provenzal por su nacimiento en Montpellier. Un mundo marcado por su formación en los fríos páramos aragoneses, las intrigas y pasiones en su corte, las luchas y pactos con la España musulmana, su vocación de conquista hacia el sur y hacia el Mediterráneo, los contenciosos y litigios, que acaban resolviéndose en una prodigiosa unanimidad en torno a la naturaleza providencial del reinado de Jaume I.
Desde 1208, año de su nacimiento, hasta el momento de su muerte, todo el relato de Jaume I sobre sus hechos adquiere la forma de una autobiografía, cuya verosimilitud todavía es discutida por los especialistas. Conquistador de Baleares, de Valencia y de Murcia, legislador y diplomático ejemplar, su capacidad y su habilidad política fueron admiradas en toda Europa. Jaume supo reinar con autoridad y prestigio personales, y sentó las bases de la grandeza de la corona de Aragón. Fue un rey que reunió diversas virtudes: obstinación, fuerza, constancia, visión política e instinto certero en el uso del poder. Precisamente ese discernimiento y virtud en sus actuaciones, fue el mejor testimonio de la protección y la elección divinas, con las que siempre aparentó contar. En este sentido, el relato de Jaume el conquistador insiste en los rasgos de la identidad con los que se articula la mitología del caballero cristiano: para sus contemporáneos, fue siempre “Jacobo el afortunado”.
Fue, en efecto, un rey “diferente” porque supo construir su reino sobre el equilibrio de fuerzas, sin perder de vista la distancia que debemos guardar con respecto al modo de vivir y de pensar del siglo XIII. Así, por ejemplo la conquista de Mallorca es entendida en el contexto de un complejo proceso político de expansión de la monarquía, que aspira a convertirse en potencia europea y a consolidar el poder catalán en el Mediterráneo. El relato minucioso de Villacañas nos ilustra con la presencia de curiosos personajes, como Gil de Alagón en la conquista de Mallorca, noble cristiano convertido al islamismo, pero que a pesar de su ‘conversión’ no pierde su condición de noble, acabará traicionando a los musulmanes, y recibiendo su parte en el botín de la conquista. La toma del Puig y de Valencia lo confirman como un excelente estratega carismático, y le refuerzan en las evidentes tensiones contra los nobles ariscos que evitan ofrecerle su apoyo. Parece evidente que el nuevo poder del rey mina el poder de la nobleza catalana y aragonesa, sin olvidar los múltiples conflictos a los que asiste en vida por sus posesiones en el Sur de Francia.

Jaume I es el símbolo de la construcción de un nuevo reino y de una nueva sociedad, en la que pugna el poder feudal contra la impronta real que se acerca interesadamente a las ciudades. La vida del rey está recorrida de acontecimientos históricos, como la toma de Burriana, el concilio de Tarragona o la disputa de Játiva. Pero su papel fundamental es la “metamorfosis” del reino musulmán de Valencia, al que Jaume dotará de nuevas instituciones, dentro de la problemática unidad política, territorial e institucional de aquellos tiempos. La complejidad jurisdiccional y política del proceso sin duda todavía dará pie a muchas páginas de investigación, dadas las tensas relaciones que se establecían entre los distintos agentes sociales participantes. La legislación tiene claros elementos de innovación dentro del contexto del siglo XIII, y se centra especialmente en el nuevo espacio urbano, que poco a poco va adquiriendo sus nuevos signos de identidad, algunos de ellos posteriores al propio Jaume, como el “murciélago” o el “dragón alado” que aparecen en el escudo de la ciudad. Poco a poco se teje una intrincada leyenda que aspira a convertir Valencia en capital del reino, y que mediante els Furs ofrecía la posibilidad de un cuerpo político que acogiese a la universalidad de las gentes. Una leyenda que confirma la astucia y capacidad de movimientos de Jaume en los múltiples frentes que va desplegando a medida que avanza su reinado. Caballero, juez, político, cristiano ejemplar... el oficio de rey le exigió una capacidad de entrega y de discernimiento que este ensayo clarifica desde el universo comprensivo de nuestra contemporaneidad.

Esta biografía es la primera que se publica en español en torno a la figura histórica del rey conquistador desde el siglo XIX, y aspira a relatar la vida de un hombre clave para entender la construcción del reino que conocemos bajo el nombre de antigua corona de Aragón. El libro, lejos de asumir un tono y un estilo académicos, cuenta una historia vibrante, plena de vida, y está organizado desde la amenidad del relato documentado. Es un libro ágil y honesto, dirigido a todos aquellos lectores interesados en nuestra Edad Media. No busca la polémica, pero resulta inevitable que se enfrente al juicio a aquellos profesionales de la historia que deben juzgar si se adecua a los hechos, o si manifiesta debilidades y manipulaciones indebidas que afecten a nuestro presente. Quienes conocen al Dr. Villacañas, saben de su rectitud personal y de su probada honestidad intelectual, así como de la independencia de sus criterios para entender que el libro no se ajusta al patriotismo estatutario de unos ni de otros, ni efectúa concesiones a un nacionalismo valenciano trasnochado y caduco. En el “Prólogo” de este libro, como gesto final, el autor nos trae la buena noticia de “que nuestro pasado histórico albergó siempre posibilidades de futuro verosímiles y viables, vinculadas con naturalidad a nuestro presente” (p. 17). Tal vez algunas de sus hipótesis lingüísticas o referentes a los movimientos de población puedan ser discutidas, tal vez la toponimia no tenga un tratamiento muy adecuado, pero es evidente que el ámbito de discusión está sólidamente argumentado y documentado. A lo largo de sus páginas se trazan interesantes líneas de discusión que afectan a nuestro presente, siempre en torno a los patrones de significado que configuran nuestra “cultura”: la raza, la lengua, las instituciones, la interpretación de los datos del pasado... En su conjunto, es un gran retablo de época, y acierta a reflejar la multiplicidad de tensiones y movimientos sociopolíticos e ideológicos que tienen lugar en el seno de una sociedad tan compleja como la del siglo XIII.