
A Francisco Pascual Mas, in memoriam
Pío Baroja publicó su novela Camino de Perfección en 1902. Aún hoy, en 2002, muchos castellonenses ignoran que esa fundamental novela de la literatura española está íntimamente ligada a la ciudad de Castellón.
1902 es un año clave en la vida española. Recordemos la mayoría de edad de Alfonso XIII, el estallido de la huelga general revolucionaria en Barcelona y la publicación de tres novelas clave por tres escritores ilustres: Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y Barro; Azorín, La voluntad y Pío Baroja, Camino de Perfección. La novela Camino de Perfección de Pío Baroja está íntimamente ligada a la ciudad de Castellón y a nuestro barrio, el centro histórico, donde vivía Leandro Alloza, íntimo amigo de don Pío por aquellos años. Este año precisamente se celebra el centenario de la edición: 1902-2002.
Las relaciones de Baroja con tierras valencianas y, en concreto, con nuestra ciudad y nuestro barrio continúan siendo desconocidas por buena parte del gran público. Hasta el día de hoy, y tal como nos confirman los editores del Epistolario “Pío Baroja-Eduardo Ranch Fuster”, Amparo Ranch y Cecilio Alonso, es escasa la bibliografía en torno al tema que nos ocupa. Sin embargo, el trabajo ejemplar de la familia Ranch con la inestimable colaboración de Cecilio Alonso, nos han permitido acceder a un corpus valiosísimo de cartas que nos revelan la personalidad y las relaciones literarias de Pío Baroja a lo largo de la primera mitad del siglo XX y, en concreto, su estrecha relación de amistad con Leandro Alloza y su familia.
Baroja nace en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Inicia el Bachillerato en Pamplona y cursa su último año en el Instituto San Isidro de Madrid. Se matricula en la Facultad de Medicina en 1887. De esos años madrileños de estudiantes data la amistad entre Baroja y el castellonense Leandro Alloza. Debido a un nuevo destino de su padre, la familia Baroja se traslada a Valencia (1891). Carmen, la hermana menor, recibe clases en un colegio de monjas; sus hermanos, menos Ricardo, que quedó en Madrid, van a la universidad. Al año siguiente Darío enferma de tuberculosis. Baroja, que se afana desesperadamente por sanar a su hermano, estudia con ahínco y en año y medio termina la carrera. Cree que la enfermedad se ha estacionado, y vuelve a Madrid para cursar el doctorado en Medicina. Se doctora en Madrid en 1893, con el título: El dolor. Estudio psicofísico. Sin embargo, en febrero de 1894 ha de acudir rápidamente a Valencia: Darío está gravísimo y fallece al día siguiente de llegar él. La familia deja el piso de Valencia y se traslada a Burjasot. Baroja pasará allí el verano de 1894.
Igualmente, Baroja visitó y conoció la capital y las tierras de La Plana, hasta el punto de convertirlas en materia narrativa de una de sus novelas más logradas y singulares. Sus dos años de estancia en Valencia, los tres veranos posteriores, las visitas a Leandro Alloza en Castellón y los días pasados en Burjasot han dejado una huella imborrable en sus novelas, y en particular en Camino de Perfección.
La aparición de la novela Camino de Perfección de Baroja se celebró con un banquete en su honor, en el Parador de Barcelona, el 25 de marzo de 1902, organizado por Rodríguez Sierra y Azorín, con asistencia de Maeztu, Valle Inclán, Silverio Lanza, Ortega Munilla y Galdós, entre otros.
Baroja nos ha dejado noticia fidedigna de esta relación en una carta:
“En 1900 ó 1901 estuve en Castellón en casa de Leandro Alloza, hijo de otro ingeniero del mismo apellido. Alloza fue muy amigo mío en Madrid de estudiante y también después de que yo me hiciera médico. Él tardó bastante en terminar la carrera. Era muy buena persona, muy generoso, muy fácil en sus amistades, un poco terco y un poco amigo de divertirse. Cuando yo andaba en mis aventuras de panadero él venía a buscarme de noche, muchas veces a las tres y las cuatro de la mañana. Llamaba a un ventanillo que tenía el horno hacia la calle de Capellanes y le abrían los panaderos por la calle Misericordia. Entraba en el viejo caserón donde yo vivía y convidaba a vino a los obreros y confraternizaba con ellos. Otras veces, salíamos a la calle a altas horas de la noche (...)
Estaría cinco o seis años sin ver a Alloza, luego le vi en su pueblo en el viaje que me sirvió para escribir Camino de Perfección. En este viaje fui con Azorín a Monóvar. Luego a Yecla y después, solo a Castellón y por último a Barcelona.
En Castellón estuve con Alloza y debimos de andar por los pueblos próximos. Al menos estuvimos en Benicasim, donde él tenía un chalet” (Carta de Pío Baroja apud Eduardo Ranch Fuster, Pío Baroja en Valencia. Pequeños estudios barojianos, Valencia, 1999, pp. 102-103)
Leandro Alloza visitaba la panadería de Baroja acompañado a veces por un tal Bellido, burrianense, a quien el novelista recuerda con claridad como un joven sonriente, estudiante de perito agrónomo, original, quien siempre decía de su pueblo un curioso aforismo que no podemos dejar de recoger: “Allí, ya se sabe, todo el mundo tiene la misma consigna: conservar lo que se tenga y robar lo que se pueda”.
Eduardo Ranch visitó, tras la guerra civil, a doña Concha Alloza, hermana de Leandro Alloza (a quien no debemos confundir con su también famoso padre, ingeniero del puerto de Castellón), quien confirmó la visita de Baroja durante el periodo de escritura de Camino de Perfección.
Y en la novela, aparecen personajes de la historia de Castellón como Pascual Nebot, a quien algunos ven como trasunto novelesco de Ramón Huguet, cuya descripción en la novela es inolvidable: “Es un hombre alto, fornido, rubio de cara juanetuda y barga larga, dorada (...) Es tipo de hombre guapo, pero con esa ironía antipática y amarga de los levantinos que ofende y no divierte, una ironía sin gracia, que niega siempre bondad alguna”. Aparte de posibles coincidencias con personajes de la época, Baroja menciona las calles del centro y alrededores de la ciudad, el Casino, los huertos de naranjos plenos de azahar, el Pinar del Grao junto a las playas, donde los Alloza tenían una casita, la puerta de la iglesia concatedral con su arco gótico, junto a otros muchos detalles que tienden a mezclarse con sus vivencias y paisajes de Burjasot.
Baroja visitó a los Alloza en la primavera de 1901 justamente en su casa del centro histórico, en la calle Mayor, número 37, hoy ya desaparecida, donde le cedieron durante unos días la habitación de Concha Alloza.
También visitó la casa del Grao y el huerto en el camino del Grao a Castellón. Durante todo ese tiempo, Baroja estaba escribiendo la parte final de la novela, donde aparecen plenamente la ciudad, sus habitante y su paisaje.
Concha Gironés Alloza (popularmente conocida como “Conchita”, ahijada de Leandro), según testimonio de Eduardo Ranch, conservaba libros de Baroja y de Valle Inclán dedicados a Leandro Alloza. Lamentablemente, Leandro Alloza unos dos años mayor que Baroja, murió en 1907, a los treinta y siete años, y Baroja le dedicaría unas líneas cariñosas en sus Memorias (II, 7º, X, 1944). Hasta hay quien cree que de haber vivido acaso se hubiese casado con Carmencita Baroja...
Años después, Baroja volvería a tierras del Maestrazgo castellonense, acompañado por su sobrino, el también ilustre don Julio Caro Baroja, y visitan durante unas semanas Morella, San Mateo, Segorbe y Castellón, para escribir dos de las novelas de Memorias de un hombre de acción, pero ésa ya es otra historia. Hoy simplemente queríamos recordar ese singular y afectísimo paso de don Pío Baroja por nuestro barrio, su entrañable amistad con Leandro Alloza y su familia, y la presencia de nuestra ciudad en las magistrales líneas de una novela clave en la literatura española del siglo XX.
Estas líneas quieren ser una invitación renovada a las ciudadanas y ciudadanos de nuestro Castellón a conocer su rica historia cultural, y a leer esas páginas magistrales de Camino de Perfección en las que tal vez sepamos reconocernos.
Pío Baroja publicó su novela Camino de Perfección en 1902. Aún hoy, en 2002, muchos castellonenses ignoran que esa fundamental novela de la literatura española está íntimamente ligada a la ciudad de Castellón.
1902 es un año clave en la vida española. Recordemos la mayoría de edad de Alfonso XIII, el estallido de la huelga general revolucionaria en Barcelona y la publicación de tres novelas clave por tres escritores ilustres: Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y Barro; Azorín, La voluntad y Pío Baroja, Camino de Perfección. La novela Camino de Perfección de Pío Baroja está íntimamente ligada a la ciudad de Castellón y a nuestro barrio, el centro histórico, donde vivía Leandro Alloza, íntimo amigo de don Pío por aquellos años. Este año precisamente se celebra el centenario de la edición: 1902-2002.
Las relaciones de Baroja con tierras valencianas y, en concreto, con nuestra ciudad y nuestro barrio continúan siendo desconocidas por buena parte del gran público. Hasta el día de hoy, y tal como nos confirman los editores del Epistolario “Pío Baroja-Eduardo Ranch Fuster”, Amparo Ranch y Cecilio Alonso, es escasa la bibliografía en torno al tema que nos ocupa. Sin embargo, el trabajo ejemplar de la familia Ranch con la inestimable colaboración de Cecilio Alonso, nos han permitido acceder a un corpus valiosísimo de cartas que nos revelan la personalidad y las relaciones literarias de Pío Baroja a lo largo de la primera mitad del siglo XX y, en concreto, su estrecha relación de amistad con Leandro Alloza y su familia.
Baroja nace en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Inicia el Bachillerato en Pamplona y cursa su último año en el Instituto San Isidro de Madrid. Se matricula en la Facultad de Medicina en 1887. De esos años madrileños de estudiantes data la amistad entre Baroja y el castellonense Leandro Alloza. Debido a un nuevo destino de su padre, la familia Baroja se traslada a Valencia (1891). Carmen, la hermana menor, recibe clases en un colegio de monjas; sus hermanos, menos Ricardo, que quedó en Madrid, van a la universidad. Al año siguiente Darío enferma de tuberculosis. Baroja, que se afana desesperadamente por sanar a su hermano, estudia con ahínco y en año y medio termina la carrera. Cree que la enfermedad se ha estacionado, y vuelve a Madrid para cursar el doctorado en Medicina. Se doctora en Madrid en 1893, con el título: El dolor. Estudio psicofísico. Sin embargo, en febrero de 1894 ha de acudir rápidamente a Valencia: Darío está gravísimo y fallece al día siguiente de llegar él. La familia deja el piso de Valencia y se traslada a Burjasot. Baroja pasará allí el verano de 1894.
Igualmente, Baroja visitó y conoció la capital y las tierras de La Plana, hasta el punto de convertirlas en materia narrativa de una de sus novelas más logradas y singulares. Sus dos años de estancia en Valencia, los tres veranos posteriores, las visitas a Leandro Alloza en Castellón y los días pasados en Burjasot han dejado una huella imborrable en sus novelas, y en particular en Camino de Perfección.
La aparición de la novela Camino de Perfección de Baroja se celebró con un banquete en su honor, en el Parador de Barcelona, el 25 de marzo de 1902, organizado por Rodríguez Sierra y Azorín, con asistencia de Maeztu, Valle Inclán, Silverio Lanza, Ortega Munilla y Galdós, entre otros.
Baroja nos ha dejado noticia fidedigna de esta relación en una carta:
“En 1900 ó 1901 estuve en Castellón en casa de Leandro Alloza, hijo de otro ingeniero del mismo apellido. Alloza fue muy amigo mío en Madrid de estudiante y también después de que yo me hiciera médico. Él tardó bastante en terminar la carrera. Era muy buena persona, muy generoso, muy fácil en sus amistades, un poco terco y un poco amigo de divertirse. Cuando yo andaba en mis aventuras de panadero él venía a buscarme de noche, muchas veces a las tres y las cuatro de la mañana. Llamaba a un ventanillo que tenía el horno hacia la calle de Capellanes y le abrían los panaderos por la calle Misericordia. Entraba en el viejo caserón donde yo vivía y convidaba a vino a los obreros y confraternizaba con ellos. Otras veces, salíamos a la calle a altas horas de la noche (...)
Estaría cinco o seis años sin ver a Alloza, luego le vi en su pueblo en el viaje que me sirvió para escribir Camino de Perfección. En este viaje fui con Azorín a Monóvar. Luego a Yecla y después, solo a Castellón y por último a Barcelona.
En Castellón estuve con Alloza y debimos de andar por los pueblos próximos. Al menos estuvimos en Benicasim, donde él tenía un chalet” (Carta de Pío Baroja apud Eduardo Ranch Fuster, Pío Baroja en Valencia. Pequeños estudios barojianos, Valencia, 1999, pp. 102-103)
Leandro Alloza visitaba la panadería de Baroja acompañado a veces por un tal Bellido, burrianense, a quien el novelista recuerda con claridad como un joven sonriente, estudiante de perito agrónomo, original, quien siempre decía de su pueblo un curioso aforismo que no podemos dejar de recoger: “Allí, ya se sabe, todo el mundo tiene la misma consigna: conservar lo que se tenga y robar lo que se pueda”.
Eduardo Ranch visitó, tras la guerra civil, a doña Concha Alloza, hermana de Leandro Alloza (a quien no debemos confundir con su también famoso padre, ingeniero del puerto de Castellón), quien confirmó la visita de Baroja durante el periodo de escritura de Camino de Perfección.
Y en la novela, aparecen personajes de la historia de Castellón como Pascual Nebot, a quien algunos ven como trasunto novelesco de Ramón Huguet, cuya descripción en la novela es inolvidable: “Es un hombre alto, fornido, rubio de cara juanetuda y barga larga, dorada (...) Es tipo de hombre guapo, pero con esa ironía antipática y amarga de los levantinos que ofende y no divierte, una ironía sin gracia, que niega siempre bondad alguna”. Aparte de posibles coincidencias con personajes de la época, Baroja menciona las calles del centro y alrededores de la ciudad, el Casino, los huertos de naranjos plenos de azahar, el Pinar del Grao junto a las playas, donde los Alloza tenían una casita, la puerta de la iglesia concatedral con su arco gótico, junto a otros muchos detalles que tienden a mezclarse con sus vivencias y paisajes de Burjasot.
Baroja visitó a los Alloza en la primavera de 1901 justamente en su casa del centro histórico, en la calle Mayor, número 37, hoy ya desaparecida, donde le cedieron durante unos días la habitación de Concha Alloza.
También visitó la casa del Grao y el huerto en el camino del Grao a Castellón. Durante todo ese tiempo, Baroja estaba escribiendo la parte final de la novela, donde aparecen plenamente la ciudad, sus habitante y su paisaje.
Concha Gironés Alloza (popularmente conocida como “Conchita”, ahijada de Leandro), según testimonio de Eduardo Ranch, conservaba libros de Baroja y de Valle Inclán dedicados a Leandro Alloza. Lamentablemente, Leandro Alloza unos dos años mayor que Baroja, murió en 1907, a los treinta y siete años, y Baroja le dedicaría unas líneas cariñosas en sus Memorias (II, 7º, X, 1944). Hasta hay quien cree que de haber vivido acaso se hubiese casado con Carmencita Baroja...
Años después, Baroja volvería a tierras del Maestrazgo castellonense, acompañado por su sobrino, el también ilustre don Julio Caro Baroja, y visitan durante unas semanas Morella, San Mateo, Segorbe y Castellón, para escribir dos de las novelas de Memorias de un hombre de acción, pero ésa ya es otra historia. Hoy simplemente queríamos recordar ese singular y afectísimo paso de don Pío Baroja por nuestro barrio, su entrañable amistad con Leandro Alloza y su familia, y la presencia de nuestra ciudad en las magistrales líneas de una novela clave en la literatura española del siglo XX.
Estas líneas quieren ser una invitación renovada a las ciudadanas y ciudadanos de nuestro Castellón a conocer su rica historia cultural, y a leer esas páginas magistrales de Camino de Perfección en las que tal vez sepamos reconocernos.
