lunes 21 de noviembre de 2011

Castellón, Leandro Alloza y Pío Baroja (1902-2002)




1902: annus mirabilis
En 1902 Pío Baroja publicó su novela Camino de Perfección. Aún hoy, en 2002, muchos castellonenses ignoran que esa fundamental novela de la literatura española y europea de principios del siglo XX está íntimamente ligada a la ciudad de Castellón.
1902 fue un año clave en la vida y en la cultura española. Recordemos la mayoría de edad de Alfonso XIII, el estallido de la huelga general revolucionaria en Barcelona y la publicación de tres novelas clave por tres escritores ilustres: Vicente Blasco Ibáñez, Cañas y Barro; Azorín, La voluntad y Pío Baroja, Camino de Perfección. Este año precisamente se celebra el centenario de la edición de tan singular novela: 1902-2002.

El Castellón de la Edad de Plata: Pío Baroja y Leandro Alloza
Las relaciones de Baroja con tierras valencianas y castellonenses continúan siendo desconocidas por el gran público. El trabajo ejemplar de la familia Ranch, amigos de Baroja, con la inestimable colaboración del profesor Cecilio Alonso, nos han permitido acceder a un corpus valiosísimo de cartas que nos revelan la personalidad y las relaciones literarias de Pío Baroja a lo largo de la primera mitad del siglo XX y, en concreto, su estrecha relación de amistad con Leandro Alloza y su familia.
Baroja nace en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Inicia el Bachillerato en Pamplona y cursa su último año en el Instituto San Isidro de Madrid. Se matricula en la Facultad de Medicina en 1887. De esos años madrileños de estudiantes data la amistad entre Baroja y el castellonense Leandro Alloza. Debido a un nuevo destino de su padre, la familia Baroja se traslada a Valencia (1891). Carmen, la hermana menor, recibe clases en un colegio de monjas; sus hermanos, menos Ricardo, que quedó en Madrid, van a la universidad. Al año siguiente Darío enferma de tuberculosis. Baroja, que se afana desesperadamente por sanar a su hermano, estudia con ahínco y en año y medio termina la carrera. Cree que la enfermedad se ha estacionado, y vuelve a Madrid para cursar el doctorado en Medicina. Se doctora en Madrid en 1893, con el título: El dolor. Estudio psicofísico. Sin embargo, en febrero de 1894 ha de acudir rápidamente a Valencia: Darío está gravísimo y fallece al día siguiente de llegar él. La familia deja el piso de Valencia y se traslada a Burjasot. Baroja pasará allí el verano de 1894.
Igualmente, Baroja visitó y conoció la capital y las tierras de La Plana, hasta el punto de convertirlas en materia narrativa de una de sus novelas más logradas y singulares, Camino de Perfección. Sus dos años de estancia en Valencia, los tres veranos posteriores, las visitas a Leandro Alloza en Castellón y los días pasados en Burjasot han dejado una huella imborrable en Camino de Perfección.
Baroja nos ha dejado noticia fidedigna de sus visitas a Castellón en una carta a su amigo Eduardo Ranch

“En 1900 ó 1901 estuve en Castellón en casa de Leandro Alloza, hijo de otro ingeniero del mismo apellido. Alloza fue muy amigo mío en Madrid de estudiante y también después de que yo me hiciera médico. Él tardó bastante en terminar la carrera. Era muy buena persona, muy generoso, muy fácil en sus amistades, un poco terco y un poco amigo de divertirse. Cuando yo andaba en mis aventuras de panadero él venía a buscarme de noche, muchas veces a las tres y las cuatro de la mañana. Llamaba a un ventanillo que tenía el horno hacia la calle de Capellanes y le abrían los panaderos por la calle Misericordia. Entraba en el viejo caserón donde yo vivía y convidaba a vino a los obreros y confraternizaba con ellos. Otras veces, salíamos a la calle a altas horas de la noche (...)
Estaría cinco o seis años sin ver a Alloza, luego le vi en su pueblo en el viaje que me sirvió para escribir Camino de Perfección. En este viaje fui con Azorín a Monóvar. Luego a Yecla y después, solo a Castellón y por último a Barcelona.
En Castellón estuve con Alloza y debimos de andar por los pueblos próximos. Al menos estuvimos en Benicasim, donde él tenía un chalet” (Carta de Pío Baroja apud Eduardo Ranch Fuster, Pío Baroja en Valencia. Pequeños estudios barojianos, Valencia, 1999, pp. 102-103)

Castellón y Camino de Perfección (novela filosófica)
La amistad de Baroja y de Leandro Alloza (hijo) se concreta, por tanto, en Madrid. Leandro Alloza visitaba la panadería de Baroja acompañado a veces por un tal Bellido, burrianense, a quien el novelista recuerda con claridad como un joven sonriente, estudiante de perito agrónomo, original, quien siempre decía de su pueblo un curioso aforismo –lleno de ironía barojiana- que no podemos dejar de recoger: “Allí, ya se sabe, todo el mundo tiene la misma consigna: conservar lo que se tenga y robar lo que se pueda”.
Eduardo Ranch visitó, tras la guerra civil, a doña Concha Alloza, quien confirmó la visita de Baroja durante el periodo de escritura de Camino de Perfección.
Y, por supuesto, en la novela, aparecen personajes de la historia de Castellón como Pascual Nebot, a quien algunos ven como trasunto novelesco de Ramón Huguet: “Es un hombre alto, fornido, rubio de cara juanetuda y barga larga, dorada (...) Es tipo de hombre guapo, pero con esa ironía antipática y amarga de los levantinos que ofende y no divierte, una ironía sin gracia, que niega siempre bondad alguna”(LIII).
Aparte de otras posibles coincidencias con personajes de la época, Baroja menciona las calles del centro y alrededores de la ciudad, el Casino, los huertos de naranjos plenos de azahar, el Pinar del Grao junto a las playas, donde los Alloza tenían efectivamente una casita, la puerta de la iglesia concatedral con su arco gótico, junto a otros muchos detalles.
Baroja visitó a los Alloza en la primavera de 1901 justamente en su casa del centro histórico, en la calle Mayor, número 37, hoy ya desaparecida, donde le cedieron durante unos días la habitación de Concha Alloza.
En la novela introduce la ficción de que su protagonista, Fernando Osorio, se enamora y se casa con su prima, Dolores. Además de la descripción de la casa y las calles, destaca la visita a la casa del Grao y el bello huerto en el camino del Grao a Castellón. Son páginas de un impresionismo plástico de alta calidad: “Enfrente se extendía el Mediterráneo, cuya masa azul cortaba el cielo pálido en una línea recta. Bordeando la costa se veía la mancha alargada, obscura y estrecha de un pinar, que parecía algún inmenso reptil dormido sobre el agua” (p. 314).
Durante todo ese tiempo, Baroja estaba escribiendo la parte final de la novela, donde aparecen plenamente la ciudad, sus habitante y su paisaje. Concha Gironés Alloza (popularmente conocida como “Conchita”, ahijada de Leandro), según testimonio de Eduardo Ranch, conservaba libros de Baroja y de Valle Inclán dedicados a Leandro Alloza. Lamentablemente, Leandro Alloza unos dos años mayor que Baroja, murió en 1907, a los treinta y siete años, y Baroja le dedicaría unas líneas cariñosas en sus Memorias (II, 7º, X, 1944). Hasta hay quien cree que de haber vivido algunos años más, acaso se hubiese casado con Carmencita Baroja...
Años después, Baroja volvería a tierras del Maestrazgo castellonense, acompañado por su sobrino, el también ilustre don Julio Caro Baroja, y visitan durante unas semanas Morella, San Mateo, Segorbe y Castellón, para escribir dos de las novelas de Memorias de un hombre de acción.