Castellón tiene la suerte de contar con profesionales y estudiosos del teatro excepcionales, y totalmente desconocidos en nuestra ciudad. Por algo será. Es el caso de Javier Vellón, profesor y especialista en literatura con una larga serie de publicaciones, mayoritariamente en torno al mundo de la escena.
El teatro es vida, y vida intensa de nuestro esplendoroso patrimonio cultural. La historia literaria ha llamado “obras menores” a un conjunto vario y multiforme de géneros teatrales que se caracterizaron básicamente por su brevedad y por su finalidad humorística. Como es sabido, todos los grandes nombres del teatro español de los Siglos de Oro cultivaron una selva de obrillas cortas que poblaban la realidad espectacular de las intensas tardes de representación. Javier Vellón, conocido profesor y especialista castellonense en el teatro barroco español, acaba de reunir una Antología de obras cortas dramáticas del barroco (Brosquil, Valencia, 2004), en donde nuestros escolares pueden familiarizarse con entremeses de Moreto y Quiñones de Benavente, loas de Solís, bailes y jácaras de Avellaneda, y mojigangas de Calderón o Francisco Figuerola. Estas obras cortas tenían una función dinamizadora de la representación, en contraste con la seriedad y el moralismo que solían caracterizar a la pieza central, y se representaban al inicio y final, y en los entreactos de la comedia. Desde el punto de vista del contenido, representan un elemento crítico y transgresor contra esa sociedad que José Antonio Maravall caracterizó como urbana, conflictiva, dirigida, masiva y conservadora, en un ensayo definitivo que cambió nuestra percepción de aquella edad, La cultura del Barroco.
El barroco es, sin duda, un arte de contrastes y claroscuros. Y nuestros dramaturgos contrarreformistas encontraron en estas obritas una vía de escape para la risa y para la crítica, de modo que sus planteamientos llegan a ser antitéticos la rígida moral tridentina que el autor había de guardar en el desarrollo de la comedia, aunque a veces acaban convirtiéndose en adocenados juegos cortesanos como la Loa para la comedia “Un bobo hace ciento” de Antonio de Solís, expresamente escrita para ser representada ante la familia real en palacio. Dicen que toda la vida es teatro, y para ello sean bienvenidas estas obrillas pensadas para nuestros jóvenes bachilleres. Son un punto de inflexión para reflexionar no sólo sobre la riqueza y las contradicciones de nuestros brillante Siglo de Oro, sino para aprender en ese sabio y mágico espejo que es el teatro, cuáles son nuestros defectos y virtudes. Ese mundo de bailes, loas, jaques, prostitutas y representantes nos recuerda que su marginalidad grotesca supo ascender a las dependencias de nuestros monarcas. Este mundo al revés de la obra corta, denostado y censurado por los moralistas, es sólo un pequeño paréntesis aparentemente rupturista en donde finalmente el orden social es restaurado y clausurado. Javier Vellón nos invita a una mirada nueva, informada y crítica sobre un pasado que encierra en su complejidad las claves de nuestro presente.
