domingo 6 de noviembre de 2011

LA CAÑA GRIS




La caña gris
Revista de poesía y ensayo
Valencia, 1960-1962
Edición de Jacobo Muñoz
Ed. Renacimiento

“¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?” Estos sintomáticos versos del poeta Luis Cernuda , que pertenecen a un lúcido poema dedicado a Verlaine y Rimbaud, nos sirven para iniciar la reflexión en torno a la edición facsímil de la revista valenciana de poesía y ensayo La caña gris (1960-1962). Editada en Valencia en la década de los años sesenta y dirigida por el escritor y filósofo Jacobo Muñoz, en ella colaboró el más relevante grupo de escritores valencianos de aquellos años: Juan Gil-Albert, María Beneyto, Francisco Brines, Vicente Gaos, César Simón, Carlos Sahagún, Joan Fuster, y muchos de los más importantes poetas españoles del momento, entre los que cabe citar a Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Eladio Cabañero, Mariano Roldán, José Hierro, Carlos Bousoño o Vicente Aleixandre.
Más allá de la nómina de colaboradores, mucho más relevante ahora que entonces, resultan fundamentales los poemas y los textos de ensayo sobre la poesía española contemporánea.
La poesía española (peninsular) de posguerra es fundamentalmente una poesía gris y mediocre casi toda ella, con excepciones notables, como los libros de Dámaso Alonso, José Hierro, o los éxitos de Adonais que revelaban a nuevos poetas como Claudio Rodríguez o Francisco Brines. La caña gris fue una ventana abierta al mundo y a las lecturas intensas, adecuadas, coherentes, de la situación en el panorama internacional. Cuarenta años después, estas páginas siguen siendo un testimonio vivo y actual de nuestro presente. Desde el inicial y revelador artículo de Joan Fuster, “La muerte del intelectual” en torno a la militancia de la “intelligentsia” y a sus contradicciones en un país que empezaba a vislumbrar el fin de la dictadura del general Franco.
Revista fundamental para entender la poesía española del medio siglo, donde ocupa un papel primordial el famoso “Homenaje a Luis Cernuda”, que cierra su existencia y que se convirtió en el más importante reconocimiento del poeta español más relevante del siglo XX. Un número especial que contaba con colaboraciones de la talla de Octavio Paza, de María Zambrano, de Rosa Chacel, Juan Gil-Albert, José María Castellet o José Olivio Jiménez­. La recuperación de Cernuda es todo un síntoma en la poesía española de finales de siglo, y marca la orientación de toda una vertiente de la poesía actual.
De los poemas recuperados, yo me quedo con un maravilloso poema del poeta cubano Gastón Baquero, “Jamás, con ese al final”, huésped de la mejor poesía universal, tiene vuelo y bruma y energía: ”La palabra jamás con ese al final/ no termina nunca,/ rodea la tierra, y salta luego,/ perdiéndose en el océano/ de las estrellas”. Uno vuelve a esta “caña” con la misma pasión que recorre el viento los juncos, con la misma avidez de un cuerpo perdido y encontrado. Traducciones de poetas como Hölderlin, Quasimodo, Prévert, Bertolt Brecht o Cesare Pavese completan el delicado vuelo internacional de una revista valenciana a la altura de la mejor cultura europea del momento, todo un ejemplo de gestión cultural desde la humildad de la página y el papel.
Hay que resaltar en todos los números el cuidado y la participación de Jacobo Muñoz, centro neurálgico de este milagro posible. El 15 de noviembre de 1962, en los talleres gráficos de Pascual Quiles de Valencia, la revista completaba su último número. Hoy podemos recuperar ese vuelo, debido a la feliz iniciativa de la Editorial Renacimiento de Sevilla. Desde entonces, la caña poética iniciada en aquellas páginas ni se ha roto ni se ha quebrado. Sin duda, los vivos leen y escuchan las voces de los que fueron antes. En esa delicada herencia, en ese vuelo imperceptible pero firme, pervive la moderna poesía española.