
¿Existe una Literatura Femenina? ¿Deben las mujeres que escriben seguir reivindicando su sitio en la Literatura? Sí, por supuesto. Creo que la presencia de lamujer en lugares relevantes del mundo literario y su reconocimiento como escritoras son todavía asignaturas pendientes a pesar del gran impulso y calidad de sus textos. Analizar qué papel han desempeñado a lo largo de los siglos, su aportación y la renovación que ha supuesto en muchos casos su irrupción en la Literatura es fundamental para situarlas en el lugar de la historia literaria que les corresponde. Existe una literatura femenina, por supuesto, como pueda existir una literatura masculina, española, europea o comparada. Un escritor, ya sea hombre o mujer, seacual sea su sexo o su condición sexual, escribe desde su mundo particular, desde sus ivencias personales. La literatura está hecha por personas marcadas por su cultura, su educación y el ambiente que les rodea. Ignoro si habría escrito De profundis Wilde deno ser homosexual, o si la obra de Margarita Yourcenar sería la misma de no haber recibido una esmerada educación.
De hecho, una de las cuestiones recurrentes en los últimos debates culturales es si existe una “literatura femenina” diferente de la masculina, interrogante al que se une otro doblemente inevitable que se pregunta si existe en la literatura una tradición deescritura femenina, y en el caso que exista, por qué no se refleja en los manuales deliteratura. Algunos/as críticos/as parten de la afirmación de que no existe literatura dehombres o de mujeres, sino sólo buena o mala literatura, aunque se detienen ahí sin entrar en la cuestión de quién, con qué criterios, o en qué circunstancias históricas o políticas, se decide lo que es “bueno” o “malo” en literatura. Si se hicieran estas preguntas, con la respuesta se podría explicar la hegemonía de algunos autores con respecto a otros en algunos periodos históricos, el predominio internacional de una literatura sobre otra, y el olvido por parte del público de autores que en una coyuntura político-social determinada fueron aclamados. La canonización en literatura es un procedimiento sumario y selectivo que responde a criterios culturales y posiciones ideológicas, (por no hablar de los intereses), las de aquellos que logran imponer “su”concepción de la literatura. Nuestro mundo moderno y democrático no ha podido acabar con este control, que si en tiempos pasados se hacía con criterios estéticos,políticos, religiosos, etc., ahora responde casi exclusivamente a exigencias del mercadoeditorial, y a niveles de audiencia.Hay un problema de terminología, y es que con la etiqueta “escritura femenina”se designa tanto la literatura escrita por mujeres como la literatura de contenido“femenino”. Es decir, que se centra en la experiencia de ser mujer en el mundo contodos sus matices biológicos y contextos situacionales, pero con la salvedad de circunscribir el “mundo femenino” casi exclusivamente a su acepción más tradicional,con lo cual, muchas escritoras que proponen modelos y espacios femeninos nuevos,tampoco se identifican con esta denominación. Existe una “literatura femenina” y una “literatura masculina” por lo que serefiere, no a los autores/as que la practican, sino a sus contenidos. Si partimos de lo femenino y lo masculino en términos de construcción social, tendremos que reconocer en la literatura uno de los espacios donde estas construcciones y sus estereotipos se forjan y se reproducen (también se subvierten, afortunadamente), junto con modelos de comportamiento y esquemas ideológicos que los refuerzan. Nadie ignora que ha existido desde siempre, también una literatura escrita “para” mujeres, que en principio revestía carácter preceptivo (libros de comportamiento, tratados morales, etc.), y que con el paso de los siglos se convirtió en novela rosa, folletines y otras obras, donde lo femenino sigue encorsetado en esquemas tradicionales. Esta literatura escrita para mujeres no siempre tiene una autora detrás, muchos autores “masculinos”, que cuentan con un numeroso público femenino que los sigue y compran sus libros, la practican.
La literatura “femenina” no es exclusiva de las escritoras, del mismo modo que la literatura “masculina” ha sido, y es, practicada por muchas autoras. Ahora bien que la literatura de contenido femenino no goza del mismo prestigio que su antagonista, es algo evidente, consecuencia de una tradición social, política, religiosa y cultural quesobrevalora lo masculino e infravalora lo femenino.Creo que las diferencias entre “literatura femenina” y “literatura masculina”, más que estar relacionadas con el sexo/género de sus autores lo están con la adopciónde una posición hegemónica o marginal, tradicional o innovadora, con la elección detemas que pertenecen al ámbito público o al privado, con la identificación o la subversión de los roles y los modelos culturales.La tradición literaria canonizada es la “historia de un pensamiento masculino”, no sólo por la ausencia de escritoras, sino también porque esa tradición ha codificado lofemenino a través de temas, estilos y escala de valores. Esta circunstancia no ha impedido que las mujeres practiquen la escritura en todas las épocas, pero sinconquistar el título de “escritoras” que sólo conseguirán, con grandes dificultades y no pocas oposiciones, a finales del siglo XIX y principios del XX. Las escrituras de las mujeres se desarrollarán en el ámbito de lo privado durante siglos (cartas, diarios,cuadernos de apuntes, libros de familia), teniendo una repercusión escasa en latradición cultural que, muchas veces a lo largo de la historia se ha mostrado reacia aaceptar los productos culturales que salieran de la pluma de una mujer. La literatura femenina sería, pues, un producto social y cultural, donde podemos señalar algunos problemas:1. La falta de atención por parte de la crítica.2. La falta de transmisión de los textos femeninos.3. La dificultad de las escritoras para afirmarse como tales.Una historia de la literatura que incluya a las escritoras no debiera plantearse en términos de sexo-género, sino como un problema de cultura silenciada.
La cultura femenina, perteneciente a un colectivo social fuera del poder a causa de su sexo, es una cultura subalterna, que ha dialogado pero también polemizado con la cultura dominante. Las escritoras son las primeras que han entendido y practicado lo que ahora se llama interculturalidad, porque han tenido que manejarse con dos códigos, dos lenguajes y dos mundos diferentes que separaban lo privado de lo público, la vida del arte, la tradición oral de la escrita.Como las escritoras han sido estudiadas como casos aislados, faltan todavía estudios que las integren en el tejido cultural de cada época. Esta operación permitirá descubrir que las escritoras jugaron un importante papel desde las cortes, salones y reuniones literarias desde el Renacimiento hasta nuestro siglo. Queda, además, por estudiar la incidencia de la creación femenina en la cultura oficial. Se suele olvidar que algunos géneros literarios creados por escritoras, luego han entrado a formar parte del tejido de la literatura consagrada. Frecuentemente olvidamos que algunos géneros de discurso, metáforas, imágenes e ideas de gran repercusión también han sido inventadas por mujeres. Me encantan Teresa de Ávila, Emilia Pardo Bazán, Ana María Matute y Dulce Chacón, entre otras muchas. Se las recomendaría a todo el mundo. Literatura femenina, sí, por supuesto: es cuestión de visibilidad.
