martes 8 de noviembre de 2011

MARIO LÓPEZ Y EL GRUPO CÁNTICO





La escritura poética de Mario López.
Análisis de la obra de un poeta de Cántico
Pedro Tejada Tello
Diputación de Córdoba.


Pedro Tejada, profesor e investigador castellonense, ha editado un ensayo de aproximación a la obra del cordobés Mario López (1918), poeta habitualmente desconocido y valorado de forma desigual por la crítica y la historiografía literarias. Fue cofundador del grupo poético Cántico junto a Bernier, Molina, Aumente y García Baena, con la colaboración del pintor Ginés Liébana.
Así fueron las cosas. En 1943 Mario López se presenta en “Casa Camilo” y lee como tarjeta de presentación su poema “El Ángel Custodio de Cañete de las Torres”, un poema que había escrito en l941 durante su estancia como alférez provisional –carácter es destino- en los Pirineos Orientales. Al parecer, amistades comunes ligadas a la actividad periodística de la ciudad, les presentaron. López continuará su vida militar hasta el momento de su licencia en junio de 1945. Tras diversas actividades en la Córdoba de aquellos años, en septiembre de 1947 una hoja periodística anuncia la aparición de la revista “Cántico”, y en octubre aparece el primer número. Después, López se reintegra a la vida local de su Bujalance natal como agricultor acomodado, y poco a poco, con el aire de un poeta clásico, irá desarrollando su producción poética e intensificando sus colaboraciones con la revista. A pesar del eclecticismo, señalado por P. Tejada, como marca del grupo en cuanto a la dinámica de una participación abierta a la poesía española del momento, queda bien claro el rechazo de la poesía tremendista y social.
Tejada nos confirma que el “esteticismo” es la marca estética e ideológica del grupo, caracterizado por el liderazgo de Molina. En el caso de López, ese esteticismo aparece recorrido de un andalucismo temático y de un clasicismo formal que individualiza sus poemarios Garganta y corazón del sur (Córdoba, 1951, dibujos del autor) y Universo de pueblo. Tejada incide en “la contemplación serena y reflexiva de su universo de pueblo, animado por un dios Omnipresente en la naturaleza y en todas las actividades humanas” (p. 265). La suya es una poesía marcada por una actitud contemplativa ante la realidad, en un mundo carente de conflictos, donde el canto y la alabanza van desde el Creador a lo creado, personalizado en la propia tierra andaluza. Desde el yo arraigado hasta el yo nostálgico, Tejada desgrana minuciosamente los formantes dispositivos y estructurales de la poesía de Mario López, procediendo a una ordenación minuciosa de su producción poética y a una rigurosa sistematización de la bibliografía crítica en torno al poeta y al grupo Cántico.
Bien documentado, el discurso de Tejada incide, desde la metodología postestructuralista, en el análisis de la textualidad esmerada de Mario López, caracterizada por su sencillez y su linealidad, por un discurso lírico carente de excesos y de complicaciones. Una poesía que brilla con más claridad cuando el tema andalucista emerge, como en la “Casida de Carmen Amaya”: “Repentinas palomas llegaron anunciándola/ con rumbo de guitarras y cortinas al viento/ y en su frente la llama de la Gracia traía/ como clavel sin sangre deslumbrando la nieve”.