jueves 17 de noviembre de 2011

max aub en castellón

En 2003 se cumplía el centenario del nacimiento de Max Aub (París, 1903-Ciudad de México 1972). Aub es un escritor valenciano de adopción y uno de nuestros valores literarios más sólidos. Pero sigue siendo aún un gran desconocido. Los ciudadanos castellonenses tendemos a considerar que la única relación existente entre Aub y Castellón se reduce a sus veraneos en el pueblo de Viver y a la negativa visión de la capital de La Plana en su novela Campo Cerrado:
“Castellón es un pueblo chato, ancho, sin más carácter que la falta de él. Las casas son blancas, con un piso a cuestas, desván y terrado donde secar la ropa; sin más fantasía que el zócalo imitando mármol, veteado, gris, rosa o verde. [...] El gobernardor es de tercera; las mancebías, pocas y sucias; los cafés se oyen de lejos: el dominó es el juego capital. Los únicos trabajadores que se ven son los carreros; las fábricas están en las afueras, la estación en la periferia; país de recaderos, ciudad lenta, pequeña, blanda y rica. Un Ateneo languidece frente a una acacia y algún maestro de escuela escribe modosos versos en valenciano” (“Castellón de la Plana”)
Aub critica duramente esta capital provinciana pre-republicana en la que nunca pasa nada interesante, salvo ese tren que lleva a Barcelona. Utiliza Castellón como emblema de ciudad conservadora y anodina de finales de los años veinte, donde uno de los personajes, Rafael Serrador, trabaja y sueña hasta que escapa de su oficio de aprendiz de una platería. Viver, Castellón, Barcelona: un pueblo, una ciudad provinciana, una capital. Todo parecía indicar que la ciudad de Castellón no había despertado las simpatías de Aub.
Sin embargo, su relación con nuestra ciudad va más allá de las duras páginas de esta novela sobre la guerra donde la visión de la ciudad tiene un papel secundario, y bien podríamos sustituir su nombre por el de cualquier otra ciudad provinciana cercana al mar.
Aub estuvo en Castellón durante los duros años de la guerra civil española. Entre los meses de julio y diciembre de 1936, Max desarrolla una intensa actividad cultural al servicio de la legalidad republicana. Director del grupo teatral universitario “El Búho” de Valencia, escribe para su representación un auto teatral titulado inicialmente Historia y muerte de Pedro López García (publicado en la revista Hora de España como Pedro López García). Este auto se representó en el altar de la iglesia de los dominicos, probablemente entre agosto y principios de septiembre de ese año.
El Búho era un grupo teatral de estudiantes de la F. U. E. (Federación Universitaria Española) que imitó la iniciativa de La Barraca, promovida por Federico García Lorca, e intentó llevar al teatro popular los éxitos del teatro clásico español, y que a partir de agosto de 1936 desarrolla una intensa campaña de promoción de la lucha antifascista, tras el levantamiento del 18 de julio de 1936.
Durante los días 12 y 13 de septiembre interviene en Requena y San Antonio en actos de agitación y propaganda a favor de la República, representando obras teatrales y difundiendo consignas del Frente Popular. En días sucesivos el grupo “El Búho” y su director, Max Aub (por entonces afiliado ya al Partido Socialista Obrero Español), se desplazan a Castellón y al Puerto de Sagunto, acto del que tenemos noticia por el relato del periódico valenciano Verdad (20 de octubre de 1936), titulado “Los intelectuales y estudiantes valencianos en Castellón de la Plana y el Puerto de Sagunto”. Estas actuaciones se corresponden con un amplio programa de propaganda política, a través de la cultura, en el que los intelectuales y estudiantes se desplazan a los pueblos de la Comunidad Valenciana para representar teatro y apoyar la causa del Frente Popular. Tal y como relata la noticia de la Verdad: “Representó El Búho, El Duende, de Torres Villarroel, Los dos habladores, de Cervantes, Ligazón, de Valle-Inclán, y El Bazar de la Providencia, de Rafael Alberti. Por la Alianza de Intelectuales iban Max Aub, Marcelo Jover, Bernardo Clariana, Plá y Beltrán, y Gil-Albert. Dieron conferencias, lecturas por radio y recitales del Romancero de la Guerra Civil”.
Como bien puede verse, se trata del llamado “teatro de circunstancias”, con obras clásicas del teatro español de los siglos de oro, acompañadas de obras cortas de dramaturgos como Aub o Alberti, fuertemente comprometidos entonces con la causa republicana. Todo ello encaminado a difundir la causa de la lucha antifascista.
Poco tiempo duró esta fugaz actividad teatral de “retaguardia” de Aub, quien pronto será nombrado (en noviembre de 1936) “Agregado cultural” de la Embajada de la República Española en París. Probablemente esta fue su última estancia en Castellón, pocos meses antes de su detención en Francia, de su exilio definitivo de este país y de esta tierra a los que siempre amó, y a los que eligió como tierra de adopción. Aub marchó como el Rafael Serrador de su Campo cerrado, esa novela iniciática de su ciclo sobre la guerra civil española (Laberinto mágico):
“Corría mayo del año veintinueve cuando tomó, a las diez y diez de la noche, el correo de Barcelona, con doscientas cuarenta pesetas en el bolsillo, después de haber pagado su billete. Tenía dieciséis años”.
Aub es hoy nuestro escritor del exilio más universal, y el autor de la obra narrativa más sólida en torno a la guerra civil española.