viernes 11 de noviembre de 2011

PALABRA DE POETA













Poesía es compromiso: Pablo Neruda.



Hay que acercarse a conocer a este gran Padre-Poeta de toda la poesía contemporánea, a este impuro vividor que acabó confesando su debilidad y su humanidad. Sus memorias comienzan junto a los volcanes y las mariposas, bajo el auspicio de su nombre de pila, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, y terminan con la lluvia inolvidable de la infancia, la única patria del hombre. En el centro de Chile crecen las viñas y abunda el vino oloroso de la poesía. Hace ahora cien años...
Su padre era conductor de un tren lastrero; y el muchacho, amante de los escarabajos y de los huevos de perdiz, supo bailar la mazurca de la vida y dominar el arte de la lluvia hasta su primer poema. Perdido también en una tímida ciudad extraña de pensiones, voló desde las páginas humildes de la provinciana revista Claridad, al París fundador de la vanguardia y la poesía contemporánea. Era un tiempo de balas y tormentas: Vallejo, Borges, Neruda. Los intelectuales todavía se hacían fotos junto a los políticos en los suplementos culturales del fin de semana, y compartían un mismo pan y unos mismos intereses.
Neruda fue un auténtico cronista y testigo militante de los principales acontecimientos del siglo XX. El joven pueblerino, proveniente de los bosques chilenos, adopta el pseudónimo literario de Pablo Neruda (1904-1974), y acabará convirtiéndose en el poeta latinoamericano más controvertido del siglo. En 1921 se publicó un folleto con uno de sus poemas. En 1923 se editó su primer libro de poemas, Crepusculario. Setenta intensos años de vida y producción literaria que ahora confluyen en la conmemoración del centenario de su nacimiento. Yo empecé a leerlo en una desvencijada antología durante mis años de bachillerato en el Instituto Francisco Ribalta, donde tanta y tan buena formación recibimos del profesorado de Humanidades. Lo dijo Apollinaire: “Piedad para nosotros los que exploramos las fronteras de lo irreal”. Y Neruda supo conducirnos por los terrenales caminos de la poesía nocturna hasta su Canto General. Canto y cuento es la poesía.

Caballo Verde para la Poesía
La sinceridad es una espada. Desde la soledad luminosa de los dioses recostados, Neruda se adentra en la solidaridad con la España republicana porque la calle siempre fue su religión. Con Federico García Lorca y Rafael Alberti abriría las páginas de Caballo Verde para la Poesía, una revista de poesía comprometida y tono militante, donde la nueva literatura española dejaría prendados sus vibrantes poemas, allá en su casa de las flores, en el madrileño barrio de Argüelles. Era el Madrid de Maruja Mallo, de Luis Cernuda, de Max Aub, de Ramón Gómez de la Serna, del José Bergamín que editaba Cruz y Raya, por cuyos cafés cruzaba don Antonio Machado con su sempiterno traje negro, callado y discreto. Era el tiempo de las agrias polémicas con Juan Ramón Jiménez. Era el tiempo de la imprenta de Manuel Altolaguirre adonde florecieron esos cinco números primorosos de Caballo Verde. Después vino la guerra y faltó el papel, los tipos de imprenta y cientos de miles de hombres iniciaron la retirada hacia un París imposible en el que se instaló Pablo Neruda junto a Rafael Alberti y su mujer, María Teresa León. Eran tiempos políticamente incorrectos, y en París Neruda imprime, con la colaboración de Nancy Cunard un interesantísimo libro de homenaje al pueblo español aplastado por el fascismo, Los Poetas del Mundo Defienden al Pueblo Español, que aún hoy nos conmueve con su visión de trinchera y su imprenta de metralla. Dos mundos y dos poéticas enfrentadas.
Durante los años de la guerra española, Neruda se convierte en un poeta comunista militante, y progresivamente irá abandonando un marcado subjetivismo melancólico para avanzar hacia la objetivación progresiva de su poesía. Enviado por el gobierno chileno a México, allí será también pincel junto a Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros entre una nube de pistolas. Desde España llovían los exiliados, y se acercaba el suicidio diplomático de un hombre que nació para la poesía y no para los despachos grises de los políticos.

El oficio de poeta
Su vida es un río a través de cuyos meandros podemos adivinar un cuerpo compartido y repartido. Con el destierro de 1949 llega a la Unión Soviética, todavía con los ojos vendados para la verdad, el dogmatismo y la represión oculta; pero abiertos para los aparentes logros de lo que ante él le parece surgir como una nueva sociedad naciente. Y Neruda entona el canto soviético y la balada de la nueva China comunista. Al poeta esta revolución comunista se le antoja una parte de la misma marcha del pueblo hacia el futuro, que él acompañaba con sus versos y con su actividad literaria incesante. Los camaradas poetas le tienden flores a su paso, y todo parece formar parte de un mismo desfile. Tras la vuelta a Chile, el poeta trabaja en las “Odas” y cumple cincuenta años: “Nunca me invitaron los magnates a las grandes mansiones y la verdad es que tuve poca curiosidad...”, nos confiesa en sus memorias (Confieso que he vivido), por donde aparecen escritores como Aragon, Eluard, Ehrenburg... los intelectuales más relevantes de la cultura europea del medio siglo.
Neruda creía en la personalidad, no en la originalidad, y toda su obra es muestra fehaciente de este principio estético. Desde el poeta juvenil y desnutrido de capa oscura, vemos cómo su poesía crece en libros y en relevancia, como su quehacer se asienta sobre la solidez de una obra compleja que camina hacia el inevitable vínculo sagrado de la lectura y la complicidad del lector. No es casualidad que su Veinte poemas de amor... sea uno de los libros más vendidos del ámbito hispánico en todos los tiempos. Su casa, en un tiempo de iniquidad saqueada por los fascistas golpistas, hoy está llena de libros y caracolas. En este siglo en el que todo es todavía prematuro, nos conviene celebrar la irrealidad y el milagro de la poesía material de Pablo Neruda, poeta universal desde la remota Isla Negra, cuya voz nos enseña que escuchar el murmullo de la poesía sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra historia. Nadie como él supo conducir a la poesía hasta la impureza humana con una dignidad hasta entonces inimaginada. La casa de la poesía es una casa plural. Poeta-vate, poeta-profeta, poeta-camarada, nadie como tú nos convocó bajo las nuevas banderas.
Nos conmovió Espronceda. Escuchamos a Machado. Celebramos la copa elemental de Neruda. En mi rincón de provincia, en el que la poesía se filtra apenas, el verso de Neruda romple el silencio blanco y espantoso del tedio con su fogonazo de señal lejana y luna aprendida. Sus versos no son sólo literatura, son un camino: palabra de poeta
.